Don Juan Bellocq, nació en el año 1835 en la zona de los Bajos Pirineos en Francia. Llegó a la Argentina de pequeño y como tantos inmigrantes, dedicó su vida al desarrollo agropecuario en diversas zonas. Su dedicación al trabajo y su visión empresarial, le permitió adquirir miles de hectáreas, parte de ellas en la zona noroeste de la provincia de Buenos Aires y otras en el sudeste. Así es que hacia mediados de 1883, Juan Bellocq compra a Enrique Rodríguez Larreta, un campo de varios miles de hectáreas, fundando la Estancia San Francisco, en cercanías del actual San Francisco de Bellocq, muy próximo a Tres Arroyos. Dos años después contrajo una enfermedad y viajó a su país natal donde falleció un 27 de junio de 1885. Su esposa, María Larramendy, radicada en Europa, designó a Manuel Durañona como administrador del campo que por testamento le correspondió a los hijos varones, Juan Carlos, Vicente, Toribio, Eduardo, Mariano y Teodoro. Hacia el año 1905 la viuda de Bellocq junto a sus hijos regresa al país, haciéndose cargo personalmente de la administración de sus campos. Su profunda fé religiosa y una situación económica por demás holgada, la llevaron a disponer la construcción de dos iglesias en campos de su propiedad. Para lograr su objetivo se entrevistó con Monjes Benedictinos a los que convenció para que emigraran de sus países de orígen y se instalasen en sus tierras. Era su intención que los monjes oficiaran misas en memoria de su marido y atendiesen una escuela para los hijos de la peonada. Con ese objetivo mandó construir en la zona de Carlos Casares, en el pueblo que hoy se conoce con el nombre de Bellocq la iglesia de Santa María de Bellocq que fue fundada el 8 de diciembre de 1914. A ella llegaron los Monjes Benedictinos provenientes de México y España que se establecieron en la comunidad por dos años. El convenio de la fundadora con los monjes establecía lo siguiente: Dos hectáreas frente a la estación del ferrocarril, con iglesia, residencia monacal y otro edificio para la escuela. Cien hectáreas de campo cercanas a la estación. La suma de $500 mensuales, durante dos años para los gastos de la fundación. 6000 pesetas para sostener los gastos de desplazamiento de los monjes desde México y España. Animales y herramientas. Los Monjes como contraprestación celebrarían una misa mensual por el alma de Don Juan Bellocq y demás familiares fallecidos, además de educar a los niños de los peones y vecinos de la zona. Idéntico proceder adoptó con la iglesia que mandó construír en otro de sus campos en la zona de Pehuajó. Allí se formó el paraje Larramendy y los Benedictinos llegaron en el año 1917. A los dos años aproximadamente de instalarse en las iglesias construídas por la viuda de Bellocq, los monjes abandonaron las mismas, yéndose a la ciudad de Buenos Aires, quedando las construcciones abandonadas en medio del campo. Nunca se logró formar un pueblo allí, solo existía una estación de tren hoy desafectada y la gran iglesia, abandonada y prácticamente destruída por el paso del tiempo. Mejor suerte corrió el templo de Bellocq que aún hoy permanece en perfecto estado de conservación. http://www.lodelpampa.com.ar/Relatos/CGBA_noroeste/LarramedyBellocq.htm
Posteado por: José Mariano Pérez | 4 septiembre 2011
Todo gracias a ella
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Escrito en De todo un poco, Tres Arroyos



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